El Poder Legislativo ante poderes fácticos

Los procesos de transición democrática en México ha planteado retos muy importantes a las diversas clases políticas que han influido en la transformación de régimen político en los últimos decenios.

Sin lugar a dudas podemos afirmar que aún con los altos niveles de polarización que existen hoy, nuestro país no ha sufrido una ruptura institucional que haya puesto en duda su viabilidad y la unidad nacional.

Es claro que las crisis más relevantes han estado dadas por las condiciones de política económica que nos han impuesto. Así, necesitamos aclarar que los tersos procesos de cambio que se han dado han sido gracias (y no a pesar) de las diversas concepciones, culturas y condiciones políticas de las clases dirigentes en México.

Los procesos de apertura a las minorías que el régimen de partido de estado permitió se dieron en el congreso desde la lejana década de los 60´s del siglo pasado. Y fue desde los congresos, particularmente desde la Cámara de Diputados federal en que la lucha política se mostró con mayor claridad y con precisa definición.

Desde el congreso se dieron las grandes batallas culturales para terminar con los símbolos del presidencialismo intocado (Muñoz Ledo y su interpelación a Miguel de la Madrid y Fox con orejas de Burro contra Salinas, vg.) y se dieron también las más relevantes aperturas para reconocer la novedosa pluralidad política.

Desde el congreso se dieron los grandes cambios institucionales que permitieron que las minorías unificadas impusieran voluntad al Ejecutivo en turno. Y también se fue el espacio para las grandes traiciones políticas: la concertacesión PRI-PAN y la quema de las boletas de la elección en 1988, sólo por recordar la más relevante.

Los grandes cambios institucionales de nuestro país han sido posibles desde la participación de mayorías y minorías, de izquierdas y derechas en el Congreso de la Unión. Los espacios de participación política plural en senadores y diputados, sin embargo, hoy enfrentan nuevos retos y excepcionales se requerirán para enfrerntarlos imaginación y destreza.

Claramente el poder de los grupos fácticos, que siempre han existido en las realidades nacionales e internacionales, hoy se presentan como indomables y con un poder y capacidad de diseño del mundo imposible de soslayar.

Sin ningún rubor el señor Musk tuiteó que el golpe de Estado en Bolivia fue impulsado por ellos para obtener control sobre el litio de esas latitudes. Sin pudor las empresas mineras, que son los dueños del 60% de nuestro territorio, imponen condiciones a municipios que son incapaces de enfrentarles. Walmart y Salinas Pliego deciden sobre las políticas sanitarias sin que medie límite a su boracidad.

Hoy el reto del Poder Legislativo en México es impulsar una agenda para recuperar la capacidad de lo público en el rediseño de nuevas realidades. Veremos pronto sus capacidades.

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