Ideas para un nuevo Legislativo

La profesionalización de la tarea legislativa en nuestro país es un reto y una obligación que no se puede soslayar. Se trata de pensar en la profesionalización en tanto que esta sea la creación de instrumentos institucionales para realizar las tareas que tiene dispuesto el Poder Legislativo.

Crear leyes no puede ser producto de la simple (o compleja) respuesta del legislador a la coyuntura política. Generar instrumentos legislativos debe estar sustentado en necesidades de la realidad. Debe ser un aporte a la solución de problemas y a la simplificación de la cosa legal. Mientras más leyes existan y más complejas su relación (los famosos reenvíos para entender una ley) menos serán instrumentos socialmente utilizados por interesados y por la sociedad en lo general.

Legislar entonces debe ser un proceso ordenado que responda a una pregunta harto sencilla: de dónde se obtendrán los recursos para hacer aplicable la nueva legislación. Resulta que la vorágine de la disputa por el poder público, los representantes populares tienden a ser productores de iniciativas de ley (porque así se presentan como eficientes ante su electorado y a los evaluadores profesionales) aunque estén destinados a no ser dictaminadas nunca.

Pero disponer de medios idóneos para el quehacer legislativo supone nuevas medidas para el trabajo mismo de emisión de leyes (quizá reglas mínimas para su presentación en el pleno) y también para las otras dos tareas fundamentales para del Legislativo: ser contrapeso de poderes y fiscalizador del ejercicio de recursos públicos.

La revisión de la cuenta público y la determinación de los programas de auditorías al ejercicio gubernamental realizado por la Auditoría Superior de la Federación ya es desde hace décadas una tarea que no realizan los legisladores y que está asignada a una entidad dependiente del órgano legislativo pero que cuenta con autonomía propia que la hace distante del Poder Legislativo.

Más que calificar este hecho, hoy mismo tenemos la tarea por desentrañar: ¿fue correcta esta descentralización del poder fiscalizador de los congresos; Ha sido mejor este ejercicio de contrapesos con la autonomía de la ASF; los auditores como representantes de los espacios técnicos han sido mejores que sus antecesores?

Respondernos esas preguntas será tares de los próximos años. Pero avanzar en la profesionalización del congreso debe ser tarea diaria y constante que se puede avanzar con tares concretas que no requieran de acuerdos modificatorios de las reglas del Poder Legislativo.

Por ejemplo, en términos de la capacidad de control y contrapeso del Poder Legislativo ante otros poderes (el Poder Ejecutivo y Poderes facticos ejemplarmente) los legisladores pueden realizar tareas de análisis y estudio desde las comisiones temáticas en las que participa con el objetivo de, frente a un problema, encontrar razones y datos duras para su discusión con los otros.

Claro, el problema es que, resulta más fácil la utilización del adjetivo pomposo, de la descalificación al de enfrente, que el del estudio a profundidad de los problemas nacionales.

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